El matrimonio fue instituido por Dios, al crear a la primera pareja, como contrato natural. El objeto del matrimonio es la procreación de los hijos: “ ( Gèn. l: 28;) “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se adherirá a su mujer, y vendrán a ser una sola carne. “ ( Gèn.2: 24;) Este contrato legítimo natural da derecho mutuo, perpetuo y exclusivo, tanto para engendrar y educar hijos, como para la vida en común. Su objeto secundario es la ayuda mutua entre los esposos, y encontrar en el matrimonio un remedio contra la concupiscencia de la carne..” (l ª Cor,7: 9;) San Pablo da a entender el estado matrimonial diciendo: “ Las mujeres sujétense a su maridos como al Señor, porque el varón es cabeza de la mujer, como Cristo cabeza de la Iglesia, salvador de su cuerpo. Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres lo han de estar a sus maridos en todo. Así también los varones deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie jamás tuvo odio a su propia carne, sino que la sustenta y regala, como también Cristo a la Iglesia, puesto que somos miembros de su cuerpo. A causa de esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se adherirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.” (Efes.5: 22 al 3l;) Jesucristo elevó el matrimonio cristiano a la dignidad de Sacramento. En el Magisterio de la Iglesia dice al respecto en el Canón 1: Si alguno dijere que el matrimonio no es verdadera y propiamente uno de los siete Sacramentos de la Ley del Evangelio, e instituido por Cristo Señor, sino inventado por los hombres en la Iglesia y que no confiere la gracia. Sea anatema.( Denz.971)
Para la celebración y administración del Sacramento del matrimonio en donde ha de haber una entrega y aceptación mutua de los dos, es necesario que los contrayentes, tengan fe suficiente para recibirlo. No se debe olvidar que el matrimonio eclesiástico es un Sacramento de los siete instituido por Cristo, el cual infunde la gracia en el alma. Así que, cuando los contrayentes cristianos deciden contraer solamente matrimonio civil renunciando a recibir el Sacramento, se alejan de la Iglesia al renunciar a recibir en adelante los seis restantes sacramentos de Cristo, necesarios para que por medio de ellos puedan salvarse, santificarse y seguir manteniéndose en la gracia Y a esto responde S. Pablo diciéndonos:” Atended a que ninguno quede privado de la gracia de Dios. Procurad tener paz con todos y la santidad sin la cual nadie verá el Señor. ( Hebr.12:14-15;) Cristo al elevar el matrimonio entre cristianos, a la dignidad de Sacramento, proclama la unidad y su indisolubilidad. “De modo que no son ya dos, sino una sola carne.” Dice S.Pablo: “A los casados ordeno, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe del marido, y que aún cuando se separare, permanezca sin casarse, o que se reconcilie con su marido, y que el marido no despida a su mujer.”( l ª Cor.7:l0;) Digo, empero, a los que no están casados y a las viudas; bueno le es si permanecen así como yo. Mas si no guardan continencia, cásense; pues mejor es casarse que abrasarse.” ( l ª Cor.7: 8-9;)-en el infierno- “¡Y bien! ¡Lo que Dios ha unido ( en matrimonio) el hombre o la mujer no lo separe! (S.Marc.l0: 9;)
Los cristianos hemos de tener muy en cuenta cara a la salvación del alma lo que dice Jesucristo respecto de la indisolubilidad del matrimonio. ( S. Mat.19: 9;) La Sagrada Escritura dice:“ La mujer no tiene potestad sobre su cuerpo, sino el marido; e igualmente, el marido no tiene potestad sobre su cuerpo, sino la mujer.” ( l ª Cor. 7: 3-4;) A los demás digo yo, no el Señor, dice San Pablo: “Si algún hermano tiene mujer infiel, y esta consiente habitar con él, no la despida. Y la mujer que tiene marido infiel, y este consiente habitar con ella, no abandone ella a su marido. Porque el marido infiel es santificado por la mujer, y la mujer infiel es santificada por el marido; de lo contrario vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. Mas si la parte infiel se separa, separase, en tal caso no está sujeto a servidumbre uno u otro; pues Dios nos ha llamado a la paz. “ ( l ª Cor.7: l1 al l6;) Un matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto si no es por la muerte de uno de los esposos. Sin embargo, la Iglesia puede aplicar el privilegio paulino en donde existan razones de peso para los cuatro casos en el que el matrimonio puede disolverse. ( l ª Cor.7. l2 al l5;) Las obligaciones mutuas de los padres, es velar por la educación cristiana de los hijos, ( Efs.6: 4;) y estos deben a sus padres honrarles,( Ex.20: l2;) respeto, amor y obediencia. (Efes.6: l al 3;) El Sacramento del matrimonio es Sacramento de vivos, se requiere, que los contrayentes se confiesen para que se hallen en estado de gracia.















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