En Utrera igual que en otras localidades, a veces le ponen monumentos, calles, etc. a personas con más o menos relevancias, algunas no me lo explico, sobre todos a ellos mismos, que consienten y son cómplices de que pongan su nombre a una calle , en vida y sin haber hecho nada de relevancia.
Concretamente el pasado domingo paseando por el Paseo de Consolación, me llevé la sorpresa, que aquello no era el “Paseo de Consolación” como yo lo había conocido toda la vida y así se lo llamaba todo los utreranos y los que no somos de Utrera; pero llevamos toda la vida relacionada
con esa ciudad. Pues resulta que ahora al PASEO DE CONSOLACIÓN, le han puesto el nombre de un profesor; pues aquello para todos los UTRERANOS y los que amamos a ese pueblo, eso será siempre el PASEO DE CONSOLACIÓN, a pesar del Alcalde o el Concejal de turno que se le ha ocurrido tan brillante idea.
A los Hermanos Quinteros, que sólo por el agravio de haber en su día derribado su casa, de lo que yo fui testigo, siendo alcalde el Sr. Naranjo, lo que quiere decir que ya llevo relacionado con esa ciudad bastante tiempo sin ser de Utrera, se le debía de hacer un magnifico monumento en la Plaza Gibaxa, frente al Ayuntamiento y frente a la Casa que nunca se debió de derribar, siendo de los hijos mas emblemático de esa ciudad, y los pobres Joaquín y Serafín tienen un indigno monumento en el Parque de Consolación, que parecen que están metido en una lavadora como me decía “Baldomero el peluquero de los Salesianos.
A ver si de una vez, a quien corresponda, hacen las cosas con más criterios, seguro que la mayoría de los utreranos estarán de acuerdo con lo que estoy exponiendo.
Por un utrerano.














Julio 29th, 2010 at 16:42
Estoy y siempre he estado completamente de acuerdo con lo que comentan en este artículo. Es vergonzoso que la casa de las mayores figuras que ha dado nuestra tierra como son los hermanos Quintero y que han paseado su orgullo andaluz por todo el mundo fuese derribada por un interesado alcalde en contra de la opinión de todo un pueblo, con nocturnidad y alevosía. Esa casa típica andaluza debía ser hoy día el museo de Serafín y Joaquin que nos hicera a todos recordarles. Ya sólo queda en su romance El reloj del comedor: “…te hallé en un blanco muro, del comedor riente, en la casa utrerana que dios guarde y conserve”